Siempre me ha gustado cocinar. Desde que tengo memoria, preparar postres ha sido una de mis formas favoritas de demostrar cariño.
Como les conté en entradas anteriores, cocinar me hace muuuy feliz.
Nunca he sido la persona que mejor expresa lo que siente con palabras, así que muchas veces dejo que un brownie, unas galletas o un pastel hablen por mí. Cada postre que hago lleva tiempo, esfuerzo y muchísimo cariño.
Pero hay algo que muy pocas personas saben y que hoy quería contarles.
Aunque parezca una tontería, es un recuerdo que todavía me duele.
Cuando era pequeña, cada vez que preparaba algún postre, mi papá siempre me decía:
"Guarda un poquito para que tu mamá lo pruebe."
Y yo lo hacía con muchísima ilusión.
Le llevaba un pedacito esperando ese momento en el que lo probara y me dijera qué le había parecido.
Una vez me dijo que estaba rico...
Pero después la vi tirarlo a la basura frente a mí.Recuerdo perfectamente esa sensación.
No entendía qué había hecho mal.
Me dolió mucho porque era algo que había preparado con toda la ilusión del mundo. Aunque, siendo sincera, una parte de mí ya esperaba que algo así pasara.
Hubo otra ocasión en la que me dijo que se lo iba a llevar a su casa para comerlo después.
Yo incluso le preguntaba de vez en cuando cuándo se lo iba a comer.
Y ella siempre respondía:
"Estoy esperando el momento perfecto."Ese momento nunca llegó.
El postre quedó olvidado hasta echarse a perder.
Puede parecer una tontería.
Al final, era solo comida.
Pero para mí nunca fue solo un postre.
Era el tiempo que había pasado mezclando ingredientes.
Era la emoción de imaginar que le gustaría.
Era el cariño que había puesto en cada detalle.
Creo que desde entonces nació un miedo que todavía me acompaña.
Cada vez que cocino para alguien necesito saber qué le pareció de verdad.
Y, curiosamente, no necesito que me digan que está perfecto.
Si alguien me dijera:
"Le falta un poquito de azúcar."
"Creo que quedó un poco seco."
O cualquier otra crítica sincera...
También sería feliz.
Porque significaría que realmente lo probaron.
Que fueron honestos conmigo.
Y que gracias a ese comentario puedo seguir mejorando.
Lo que sí me da miedo es otra cosa.
Me da miedo que alguien, por compromiso, me diga que está rico...Y después lo tire cuando yo no esté viendo.
No busco que me digan que soy la mejor cocinera del mundo.
Solo quiero sentir que ese pedacito de cariño que preparé llegó a la persona para la que lo hice.
Porque cuando cocino, no solo entrego un postre.
Entrego tiempo.
Entrego ilusión.
Entrego una parte de mí.
Y supongo que por eso, cuando alguien disfruta algo que preparé, siento una felicidad tan difícil de explicar.
Como si, por un ratito, ese miedo que llevo desde niña desapareciera un poquito.
Gracias por leerme, corazón. Cuídate mucho y nos vemos en la próxima entrada. 🤍¿Hay alguna cosa que hagan con mucho cariño y que les duela cuando sienten que no la valoran?



amigo, me hiciste recuerdo al libro como agua para chocolate 😭😭😭 pero pucha que feo camishita... t prometo q la siguiente que traigas algo (obviamente me lo wa comer como un chanchito) y te wa decir si le falta algo, tkm cami, abrazos *le tira un ojo y le guiña un beso
ResponderBorrarAy, me recordaste una película que se llama Flipped, en la que la chica le lleva huevos al chico y él los tira 😭 Honestamente no entiendo por qué alguien haría algo así, que alguien se tome el tiempo de prepararte algo con cariño ya es un gesto re lindo, y que encima venga de una nena es una explosión de ternura.
ResponderBorrarOjalá ahora cocines para personas que sí valoren todo el cariño que le ponés. <3